Resulta francamente gratificante y placentero volver a escribir después de tantísimo tiempo, ausente por completo, de este mundillo embriagador y atrayente denominado Internet.
Es maravilloso poder comunicarme con todos vosotros, mis cómplices, y sentir una inmensa felicidad capaz de provocar auténticos "saltos mortales" en mi corazón, de puro regocijo personal.
¡Sí, estoy muy contenta! Y lo estoy porque siento unos enormes deseos y ganas de luchar por mi vida y por vivirla exprimiéndola hasta conseguir sacarle partido a cada uno de los instantes que respiro, a cada ser humano que me ofrece su mano, a cada flor que me embriaga con su aroma, a cada niño y cada ancian@ que me inyecta una buena dosis de alegría cuando generosamente, me sonríen ...
Me siento en la necesidad de sincerarme con vosotr@s y aclarar mi ausencia y la falta de participación en mis blogs y en los de mis estimables compañer@s de faena.
El 25 de marzo pasado, al anochecer ingresé con carácter urgente en el hospital ante la presencia de una trombosis venosa profunda, en mi pierna derecha. De ser venosa pasó a ser arterial, con lo que mi situación se agravó considerablemente.
Fui intervenida con urgencia a las 4 de la madrugada, después de haber pasado por diversas pruebas diagnósticas y volví a ser nuevamente intervenida a las once de la mañana siguiente, ante la presencia de una embolia que puso mi vida en peligro de muerte.
Todo se había desarrollado en cinco días. No podía dar crédito a lo que me estaba sucediendo. La velocidad con la que el mal me había atacado resultaba pasmosa; ni siquiera era capaz de recobrar mi "cordura" y ser consciente de todo lo que me estaba sucediendo. Me sentí abrumada, tremendamente asustada y con un dolor horrible, desconocido hasta entonces por mi e inmensamente cruel e inhumano.
Pocos días más tarde, el equipo médico que me había atendido, me comunicaba que el trombo seguía ahí, que mi pierna empeoraba por momentos y que el riesgo que éste, se moviera hacia los pulmones, el corazón o el cerebro, daría lugar a que mi vida estuviese a su antojo y por supuesto, en peligro una vez más. La solución resultaba trágica, tremendamente dramática y personalmente, muy, muy dura. Pero, la elección fue sencilla: se trataba de morir o seguir viva, con mi pie amputado.
Por supuesto, elegí la segunda opción y gracias a ella, estoy aquí, después de luchar con todas mis fuerzas y más, durante casi seis meses, que fueron los que estuve ingresada en el hospital, para aprender andar y especialmente, para asumir y aceptar mi nueva situación.
Y así me encuentro. Aprendiendo día a día, hora a hora, minuto a minuto que vivir merece siempre la pena, sea como sea. ¡Estoy viva! y esto es realmente, lo más importante.
Sé que puedo con ello y que lograré todo lo que me proponga.
La paciencia, el tesón, mi fuerza interior y el amor de los que me rodean, lo harán posible,... Lo están haciendo posible. Lo hacen posible ahora.
Gracias por vuestras muestras de afecto y cariño, y por haber seguido siendo fiel a mi proyecto de búsqueda de la armonía de nuestras almas.
¡Hasta pronto, cómplices!

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